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lunes, 16 de mayo de 2016

Una historia triste.

UNA HISTORIA TRISTE

Mientras pensaba en mi habitación me dije a mi mismo, algo poco habitual:

- ¿Por qué no hago algo distinto?
!Escribiré algo¡

Es algo a lo que no estoy habituado, por ello agradecería que no se tuviera demasiado en cuenta mi mala expresión u ortografía, y... quien sabe, quizás hasta os haga llorar Jajaja.


- "Mi historia" -

Esta historia orbita alrededor de una chica, la cual, enamoró intensamente a un chico.

Fue de tal intensidad los sentimientos del chico que no pudo evitar reservar toda su atención, su valioso tiempo, llegando al extremo de volver el resto de su mundo invisible, incluyéndose a sí mismo.

Al igual que esta historia, el mundo perceptible de este chico orbitaba alrededor de esta chica, la chica componía toda la realidad, la parte visible del mundo para este chico.

El transcurrir de los años junto a la chica volvió emocionalmente dependiente al chico hasta el punto de hacerle olvidarse de si mismo provocando cambios en su carácter.

El chico sólo realizaba actividades por y para ella pero no era suficiente para hacerse notar, parecía que la chica no se percataba en absoluto.
En consecuencia de volcarse completamente en su amada, el resto de relaciones sociales y familiares pasaron al mundo invisible, pero sabemos que si no cuidamos de algo, poco a poco se deteriora, algo así le estaba ocurriendo a ese mundo invisible pero, evidentemente, al ser invisible, él no podía verlo.
Al estar él mismo dentro de ese mundo invisible en proceso de deterioro, a pesar de no poder verlo podía sentirlo, sentía como se deterioraba a sí mismo y en respuesta trató de hacer algo al respecto.

Cuando pudo visualizar como un flash el estado de su mundo invisible, al poder contemplarlo por un instante pudo darse cuenta que todo se desmoronaba, estaba atrapado en un estado de miseria emocional de la cual no veía salida.

Parecía que lo poco que seguía en pie dependía de un pilar maestro, un pilar que se vió violentamente embestido con la llegada de una amarga carta, una carta de su amada dirigida directamente a su corazón.

Su corazón resistió tales golpes de forma similar a un caballero con armadura aguantando en pie a lo largo de una batalla condenada a la derrota.

Ella le comunicaba en la carta que ya no era nada igual pero el estoque que le atravesó la armadura fue el leer la triste noticia de que él no seguía siendo ese chico especial del cual ella se enamoró, ese chico felíz, decidido, que trataba de hacer lo posible en cada situación, no, ya no.

De él sólo quedaba desmotivación por todo, con la mirada perdida al suelo, sin interés por la programación de la televisión o su teléfono móvil.

El golpe final que abatió al caballero transcurrió en una tarde gris en la cual, su amada le comunicaba que la inestable relación entre ellos llegaba a su amargo y doloroso fin.

El chico perdió la única porción de su mundo perceptible, sólo le quedaba el resto pero por desgracia todo eso seguía invisible, por tanto se vió sorprendido en el vacío, no veía nada, ningún lugar hacia donde ir, tan sólo se sentía a si mismo pero no era a través de agradables emociones ni mucho menos, todo lo contrario.

El chico se aferraba a la esperanza de que algún día ella le llamaría y podría escuchar su voz una vez más para así poder entregarle un "perdón" pero él sabía que era tarde para eso, no era suficiente para ella.

La chica lo que deseaba es que él la tratara como al comienzo, preguntando por ella, permaneciendo a su lado como un apoyo indispensable e infalible.

El chico trató una y otra vez enmendar el haber errado pero fue inútil, no pudo salvarse tratando de nadar hasta aquella isla que se alejaba y sólo dejaba un mundo vacío.

La corriente que le alejaba eran los miedos, inseguridades y preocupaciones de la chica, ella no quería volver a caer en esa frustrante rutina.

El chico agotado acabó decidiendo dejarla ir pero tratando de mantener un mínimo de contacto, al menos mientras ella siga siendo parte del aire que respira.

La esperanza es lo último que se pierde, por eso el chico seguía aferrado a la misma, pero el tiempo pasa y ella no está aún de regreso.

El tiempo le cerró un poco las heridas y pudo darse cuenta de que era un caballero caído pero no muerto, no podía permitirse el lujo de permanecer tirado en el suelo, comprendió que debía levantarse y aprender de sus errores para volverse más fuerte, más diestro, con una costosa sonrisa en su cara.

Se concienció de que no podía seguir en el vacío, tenía que volver visible su mundo y que mejor que empezar por uno mismo.

Decidió partir por el camino de conocerse a si mismo con una frase que le encantaba, "Tú molas, tú mandas".

El chico arregló su armadura pero la gente no sabe que debajo de esta el chico sigue herido, cicatrizando.

El chico anhela los ánimos de su amada, lo único que él siente necesitar su corazón, pero... se ve obligado a conformarse con verla distante con frías conversaciones como "Hola, ¿Qué tal?" y poco más.

Un chico busca el amor de una chica, es algo que le hace feliz, y este chico, como prometió una vez, no se separará de ella, seguirá en su vida, lo crea ella o no. "Hasta que la muerte nos separe".

El regreso de su amada sería suficiente motivo por el cual no dejar nunca de sonreír.

"Un chico ama, un chico es fuerte
  Un chico espera hasta desvanecerse"